Una tarde en que mi hijo postergaba mis soledades con su compañía, miramos un gusano en el jardín en la casa de su abuela materna, lo señalé para captar su atención, alarmar sus sentidos y aportar algo a su conocimiento. Él lo miró sin sobresalto alguno y dijo: "es un gusano papá, después será mariposa. No nos hacen daño". Sonreí aceptando tal lección de biología recibida. Lo abracé y besé.
Tiempo después recordé esa vivencia, su aseveración y pensé que no todos los gusanos se convierten mariposas, sólo algunos lo logran. Pobres de aquéllos condenados a ser gusanos de por vida, limitados a no sufrir la metamórfosis, a tener nulas posibilidades de emprender el vuelo algún día. De pronto pensé: "nos sucede lo mismo!!!!", algunas personas están condenadas a no sufrir la metamórfosis pero, a diferencia de los "gusanos" esa evolución está en nuestras manos.
Sonreí y concluí con dos ideas mi reflexión:
"Pobres de aquéllos gusanos que no se deciden a volar"
"Algunos gusanos desgraciadamente si causan daño"

Gusanos también los condenados a ser pobres, pobres del espíritu que los sumerge a ser parásitos. Son aterradores esos que nos roban el aire, el espacio, el amor.
ResponderEliminarMuriendo lentamente quieren apagar nuestras miradas.
Y qué adorables los niños que ven mariposas que ya no miro. Qué bondad.