La sonrisa de su rostro se borró. Se acabó, el golpe final asestó en la barbilla, perdió el equilibrio emocional. Se acabaron los sueños con serpientes. Nadie tiró la toalla antes del gancho que derribó el castillo de arena. Sobraban las palabras, ofensas que en nada cambian lo pasado.
Devueltas en propias manos las caricias, todo lo recibido, no resulta necesario que menciones palabras de agradecimiento, sé lo imposible que resultaría ante esta situación de desconcierto y dolor. Espero que los años y las vueltas de la vida no te acerquen nuevamente y resulte necesaria por enésima vez una revancha…
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